miércoles, 1 de febrero de 2012

Cap. 1°: Yahannat "Reino de los Humanos"


Yahannat
"Reino de los humanos"

Los incesantes pasos se escuchaban subiendo las escaleras a gran velocidad en el faro. Una hermosa figura atlética sube sin descanso los incalculables escalones que parecen infinitos a una cima que aparenta no tener.
La luz del sol ilumina su largo cabello oscuro, sus hermosos ojos azules y su bellísimo rostro. Mientras sube incansable-mente recuerda unas palabras que se destinaban a ella.
<<Querida Ámbar:
                Mi lady, el tiempo ha pasado, sé que sufres por no saber vuestro origen ni vuestra vida y aunque no entendáis nada nece­sito que vengáis a mi encuentro. Ésta es la única forma de que descubráis vos misma ese pasado tan ansiado por conocer, junto a vuestro nuevo presente, logréis saber vuestro futuro y vuestro gran destino.
No debéis temer lo que pueda pasar, os podrá sorprender, pero os alegrarais al fin. Sé que comprenderéis y lo aceptaréis. Os espero mañana al amanecer en el faro de Thember.
atte.: MERRY. >>
Cada palabra resonaba en su mente y se despertaba en ella la inquietud y el temor por no saber lo que le esperaba en lo alto. Su agitación no le hacía desacelerar, parecía fuerte, su gran curiosi­dad podía más que su fatiga.
La luz del sol se fue tiñendo lentamente de rojo, y a medida de que la oscuridad se apoderaba de aquel claro día las luces dentro del faro se encendían en cadena hasta llegar a la muchacha, jugándole una carrera. Ella sólo pensaba en una sola cosa, en quién era ese tal Merry y cómo le mostraría su pasado, su futuro y su destino. Pero lo que temía era si era correcto ir al encuentro de un extraño.
Tratando de dejar de pensar en eso que tanto le inquietaba se dio cuenta de que la noche se había hecho presente y que aquel bello amanecer hacía muchas horas había desaparecido. Descon­certada y aturdida, por no saber lo que estaba pasando, cerró los ojos y trató de tranquilizarse, respirando profundo y pensando que sólo era su cansancio lo que la hacía alucinar. Al abrirlos, cre­yendo encontrarse en las escaleras, se admiró, aún más, al encontrarse en la cima del faro. Miró a su alrededor y se encontró con la presencia de un anciano, con sus cabellos y barbas largas y blancas. Estaba vestido con una túnica del mismo color y en su mano sostenía un gran báculo. El anciano miraba con atención hacia el Sur.
-     Habéis llegado justo a tiempo. Es bueno verla nueva­mente, parece que el tiempo ha pasado tanto para vosotros como para mí, Ámbar- exclamó aquel misterioso hombre.
-     ¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre? ¿Para qué me quie­res?
-     No desesperéis, tened paciencia y escuchad, ya que en el viaje encontraréis las respuestas.
-     ¿Cuál viaje?- interrogó.
-     Comenzaré desde el principio, claro, si mi lady me lo per­mite- le dijo.
 Ámbar creyó entonces que se había enojado y rápidamente agachó la cabeza haciéndole entender que no lo interrumpiría.
-       Me llamo Merry Jeims, vosotros ya me conocéis, pe-ro no lo recordáis aún.  Habrá tiempo para eso, ahora escu­chad: Iréis a Yahannat, El reino de los Humanos, donde os encontraréis con un viejo amigo que adoráis, Xinux Warpp, no preguntéis nada, guardad silencio y sed pa­ciente. Esta es vuestra oportunidad para conocer todo aquello que ansiáis y no debéis de perderla.


Ámbar permaneció en silencio, siguiendo las indicaciones que éste anciano, Merry Jeims, le daba. Todo le parecía tan extraño.
-       Creo que ya es hora - continuó- No os asustéis, todo lo que veréis y viviréis es real, no es ni un sueño ni mucho menos una pesadilla- dicho esto Merry se acercó a ella, la que retrocedió lentamente.
El anciano empujó a Ámbar con el báculo y ella cayó, pero el suelo había desaparecido, y se encontraba cayendo por el faro a gran velocidad. Fugazmente, mientras caía, la figura de las esca­leras, que poco antes subía, se iban desdibujando, encontrando a su alrededor una profunda oscuridad.
Poco después sintió llegar al fondo, creyendo raramente que era su fin. El suelo donde se hallaba era algo húmedo, suave y muy cómodo. Abrió los ojos con temor, no sabía con qué se iba a encontrar ahora, pero todo era aun más extraño. Ya no estaba más en el faro, se encontraba en un bonito jardín, de suave césped y lleno de maravillosas y preciosas flores de mil colores. Se quedó inmóvil momentáneamente mirando hacia el cielo azul, era un día espléndido. Pocos minutos después se levantó sobresal­tada, sentándose sobre el césped al notar la presencia de alguien.  Al mirar a su alrededor descubrió que era un hombre.
Aquel hombre elegante, vestido de guerrero, la observaba con una sonrisa amable y alegre. Sus cabellos dorados cubrían parte de su rostro, sus ojos eran verdes y su sonrisa era tan apacible como ese cielo azul celeste. Algo inexplicable ocurrió cuando cruzaron miradas. Sintió una paz, la cual no pensó tener en ese ambiente tan extraño, aunque lo más importante o extraño era lo familiar que todo le parecía.
Ambos quedaron mirándose como si se conocieran de toda la vida, pero ella no tenía idea de quién era. Sólo las flores se movían danzando por la pequeña brisa que las arrastraba cariñosa­mente y las infinitas y coloridas mariposas que revolo­teaban por doquier, todo esto parecía un paraíso.
-     ¡Qué bueno verla, Ámbar!, Realmente os he extrañado mu­cho mi lady- comentó mientras le extendía la mano para ayudarla a levantarse.
-     Quisiera decir lo mismo, pero realmente ni sé donde estoy- le respondió levantándose con su ayuda.
-     Xinux a vuestro servicio. Me dijo Merry que no os acordáis de nada, que de a poco volverá vuestra memoria. Cambiando de tema, estamos en Samoll en Yahannat, ‘El reino de los Humanos’. Seguro tenéis hambre. Venid a mi cabaña os daré de comer.
-     Sólo si no es mucha molestia.
-     Claro que no, venid conmigo, mi lady. Ese es mi hogar- dijo señalando una enorme cabaña - le pediré a Sulmy que prepare algo, después os daré una habitación para que des­canséis.
Al entrar a la cabaña se sintió muy cómoda, se sentía una brisa fresca entrar por las ventanas. Xinux le señaló el comedor y ella pasó.
-     Tomad asiento, mi lady, por favor. ¿Qué deseáis comer?- le preguntó la sierva.
-     Lo que usted guste, señora- respondió.
-     Entonces lo de siempre...
Ámbar se quedó mirando a su alrededor, su corazón se sentía acongojado, pero su mente estaba nublada, llena de penumbras.
-     ¿Cómo os sentís, mi lady?
-     Bien, creo. Quisiera saber realmente en dónde estoy, qui­siera acordarme, como tú dices, pero… me siento muy rara aquí...
-     Mi lady no os sintáis mal, tened paciencia que ya llegará el momento en el cual recordéis todo - le explicó, algo triste- Sé lo que os podría poner mejor. Podríamos ir a ese lugar que os gusta tanto, así tal vez lograréis recordar. Claro que tendríamos que desviarnos un poco de nuestro recorrido.
Ella asintió y se quedó pensativa. No dijo nada, aunque tenía la duda de cuál era ese tal recorrido que iban a hacer. Minutos después llego la sierva, Sulmy, con la comida, la cual le gusto mucho, estaba deliciosa. Mientras comían Xinux le había co­mentado que Sulmy era como de su familia, y que no la trataba como a una sierva. También le comentó que hoy en día en su país había cambiado, aunque muy poco, la relación con los siervos. Ahora la gente, por lo menos los comunes, trataban mejor a estos que los servían y hasta le daban algunos privilegios, pero aún así habían muchos lugares donde eran tratados como esclavos.
Estaba amaneciendo cuando Ámbar despertó sobresaltada, pa­recía que había despertado de un largo sueño, pero no, todo era real. Se levantó de la cama, recordando cómo llegó hasta allí, y miró por la ventana, en ese instante en su cabeza se cruzaron imágenes entrecortadas de una tormenta; primero vio un cielo gris, después se vio en una cabaña, luego vio a un hombre algo borroso en la puerta, llovía a cántaros, truenos y relámpagos se oían. Fue al escuchar los relámpagos cuando del susto retrocedió cayéndose de espaldas.  Poco después llegó Xinux a la habitación, que había corrido asustado por aquel ruido.
-     ¿Qué ha pasado, mi lady?, ¿Os habéis lastimado?
-     No te preocupes, sólo fue mi torpeza.
-     Tened cuidado, no quisiera que os lastiméis.- le confesó y luego le comentó- Ya va a estar el desayuno. Alistaos y luego bajad. En el placar hay un bolso, elegid varios vesti­dos de los que están allí y cargadlos en él. Poneros el que más os guste. Todo lo que está en esta habitación es vues­tro, son mi obsequio para vosotros, mi lady.
-     Gracias- exclamó sin más palabras para decir.
-     Cuando estéis lista bajad con el bolso porque nos iremos a Ifany.
Xinux se fue, ella sintió curiosidad y se acercó al placar mi­rando su contenido. Se encontró maravillada al ver tantos vesti­dos. Revolvió los cajones y las puertas, y al abrir una corrediza encontró un bolso, seguramente al que se refería Xinux. Lo sacó y lo depositó sobre la cama. Notó que el bolso tenía cosas dentro, aunque eso no le llamó la atención y siguió mirando las ropas del placar. Con toda la paciencia del mundo eligió varios vestidos y los guardó en el bolso, luego eligió uno para ponerse. Era un vestido de seda blanco, como las sandalias que escogió ponerse, entre la variedad de zapatos que había. Las zapatillas que traía puesta, el jeans y la remera las dejó dentro del bolso, separado de los vestidos y calzados que eligió del placar.
Al estar lista, después de cepillar su cabello, bajó y se dirigió al comedor. Iba caminando pensando cómo sería su nueva vida, o descubierta vieja vida, cuando se chocó con Xinux en el pasillo.
-     Pasad al comedor, mi lady, así Sulmy sirve la mesa. Mien­tras podríamos hablar de vuestra vida allá en... - se quedó pensando tratando de recordar, pero al fin agregó- ese lugar donde vivisteis 7 años de vuestra vida.
Ella asintió con un leve movimiento con su cabeza como confundida mirando desvariadamente para todos lados. En segundos se ubicó en una de las sillas del comedor y Xinux la imitó.
-     Ahora bien, contadme.
-     No sé lo que ocurre, pero no puedo recordar nada de antes de llegar aquí. No lo entiendo. ¿Qué me sucede?
-     Será tal vez el portal, que al atravesar aquel mundo con el nuestro te produce pérdida de memoria. No os preocupéis, seguro con el tiempo lograras recordar…
En ese momento recordó un momento trágico en su vida, por lo menos eso fue lo que creyó Xinux que rápidamente preguntó.
-     Ámbar, ¿Qué os pasa? ¡Respondedme Ámbar!
-     Discúlpame - dijo reaccionando.
-     ¿Qué os ha pasado, mi lady?
-     Nada, sólo pensaba – le aseguró, pero intrigada le pre­guntó - Me gustaría que me cuentes de antes, de mí fami­lia, no sé... ¿Quiénes fueron mis padres?
Al preguntar eso Xinux se quedó algo asombrado y no supo que decir. Pero Ámbar insistió.
-     ¿Quiénes fueron mis padres? ¿Tengo familia?
-     Perdonadme, pero al igual que vos mi memoria ha sufrido algunos daños y no recuerdo mucho sobre aquel tiempo de guerras y muerte donde vos habéis marchado a aquel extraño mundo. Además ha pasado mucho tiempo, lo único que puedo deciros es que vuestros padres fallecie­ron, por lo que me ha contado Merry. Os voy a pedir un favor no me pre­guntéis nada, esperad hasta que lleguemos a Ifany y hablemos con Kapana, tal vez ella os devele vuestra vida.
-     ¿Por qué iremos al encuentro de esa mujer? ¿Quién es ella y cómo puede saber de mi vida?
-     Iremos porque Merry me lo ha mencionado, me ha pedido que os lleve al encuentro de esta clarividente. Debéis disculparme, pero yo no puedo aclarar vuestras dudas, no recuerdo nada de vuestro origen. Quedan en mi mente sólo recuerdos de nuestras aventuras, es como si toda la historia que nos rodeara haya sido borrada de mi memoria. Si lo supiese no dudaría en deciros.
-     Lamento si soy insistente, es que quisiera saber sobre ellos, es lo que más me importa en la vida. No quisiera que nada ni nadie impidiera que descubriera quién soy yo. Si es cierto que pertenezco acá voy a hacer lo imposible para recordarlo, para saber mi historia.
-     Lo sabréis muy pronto Ámbar, ya lo veréis– le aseguró alentadoramente.
-     Aquí tienen vuestro desayuno preferido, jugo de naranja, huevos y Rañun.
-     ¿Rañun?- se pregunto Ámbar
-     No os preocupéis, os va a encantar, lo sé porque es nues­tro desayuno preferido.
Ámbar comió tranquilamente, estaba algo pensativa, pero no podía negar que la comida estaba exquisita. Al terminar el des­ayuno Xinux y Ámbar juntaron el equipaje y despidieron a Sulmy. Fuera los esperaba un carruaje. Para Ámbar todo parecía muy repentino, pero nada le era más importante que responder todas sus preguntas y por fin sacarse esas dudas que tanto le aquejaban. Fuera lo esperaba un carruaje con un hermoso caballo.
-     Llegaremos al anochecer, al mediodía descansaremos bajo la sombra y comeremos algo- le comentó mientras subían a la carroza.
Ella asintió y admiro al majestuoso corcel, algo en este le agradaba. Ambos entonces subieron al carruaje y marcharon.
El sol irradiaba sobre sus cabezas, era medio día, y Xinux de­cidió que era hora de descansar. Bajaron del carruaje y se senta­ron bajo la sombra de un enorme árbol. Mientras comían, Xinux empezó a relatar.
-     Los Amamols son unas figuras legendarias, muy respeta­das por los habitantes de Yahannat, porque fueron los que defendieron a nuestros pueblos de las guerras y ahora ya­cen como árboles inmóviles que nos brindan su sombra. Creo que no existe ninguno con vida, aunque creo que los pocos que quedaron se refugiaron en el pantano, ningún mago quiere entrar a ese lugar, no sé porque, y tal vez eso los llevo allí. Solían ser árboles de defensa de nuestros reinos. Los Amamols y los humanos se llevaban bien, pero Naeris ha terminado con ellos, y quiere terminar con todo. Por eso veréis que prácticamente no existen los duendes, las hadas, los enanos, los unicornios. Peor aún, dicen que ha matado a todos los dragones, pero sé que eso no es así.
-     ¿Por qué lo dices?
-     Porque él está buscando algo, está buscando a un dragón en especial...
-     ¿A qué te refieres?, ¿Qué busca ese tal Naeris?
-     Es un mago ruin, No sé exactamente lo que busca pero sé que tiene que ver con un dragón. Aunque digan lo contrario puedo apostar que queda alguno con vida, porque he escuchado rumores de que ronda por las Montañas de Nadramons, detrás del tal Grackon… Juro que aunque sea lo último que haga voy a averiguar qué es lo que tiene entre manos y voy a echarlo por tierra.
-     Puedes contar conmigo- le aseguró y luego curiosa pre­guntó- Naeris es un...
-     Mago- terminó- Es uno de los magos más poderosos y el más maligno de todos- ella pensó e interrogó.
-     ¿Todos los magos son malvados?
-     Sí, no he conocido mago alguno que no lo sea, los odio, han matado a mi madre y persiguen a todos los de mi raza. Todo mi pueblo ha sufrido por culpa de ellos...
-     ¿Por qué odian a los humanos?
-     ¿Humanos?, yo soy un...
Iba a decir algo pero un ruido tras los arbustos lo alarmó y desenvainando su espada esperó atento a que saliera de allí. Mi­nutos después, detrás de los arbustos salió un pequeño y adorable gatito, color pardo. Ámbar al verlo se emocionó, eran tan simpá­tico y parecía que ella le agradaba, pues se acercó y empezó a ronronear mientras rozaba su pierna. Entonces lo tomó entre sus brazos y lo acarició.
-     ¡Qué bonito!- expresó contentísima- Me gustaría quedár­melo- murmuró.
-     ¿Por qué no os lleváis con nosotros?
-     ¡Qué bueno! Pero debo ponerle un nombre... - se produjo un breve silencio y luego exclamó- ¡Pardy! Porque es de color pardo y es tan chiquito...
-     Muy lindo nombre habéis puesto, pero por otro lado debe­mos continuar el viaje, así podremos llegar antes de que se esconda el sol.
Juntaron las cosas y subieron al carruaje, Ámbar llevó entre sus brazos al pequeño animalito. El sol aún estaba fuerte, los árboles empezaron a abundar y de a poco penetraron en una gran arboleda de Amamols, por lo que el sol no les preocupó.
 Ámbar estaba emocionada, esos árboles eran enormes, llenos de vida y llevaban marcas de espadas y armas hundidas en su cor­teza. Era confortable para ella, aquella sombra refrescante y ese aire tan puro la llenaba de vida. Ella observaba con atención todo aquel hermoso y nuevo paisaje, los pájaros y animales exóticos, con sus nidos y cuevas.
A Xinux el viaje le fue muy largo, iba mirando distraída­mente el camino disimulando no observar a Ámbar, aunque ella no lo notaba, estaba muy entretenida mirando el maravilloso paisaje y antes de que se dé cuenta el sol se ponía, la oscuridad se acercaba.
-     Ya estamos llegando, sólo faltan unos segundos.
Ámbar no respondió, lo miró y asintió, luego miró al frente y vio delante de ella una montaña muy grande, a la que se fueron acercando poco a poco. Minutos después estaban delante de ella una gran cueva, oscura como boca de lobo. Ya era hora de bajar.
-     No os asustéis- dijo Xinux mientras se acercaba a un cos­tado de la entrada.
Agarró una rama, que estaba a orillas de la cueva, y la jaló hacia abajo. En ese mismo momento dentro de la cueva se pren­dieron antorchas guiando la entrada.
-     Ahora acompañadme, tenemos que hablar con Kapana.
Ámbar, a la par de Xinux, entró en la cueva y a pocos metros se encontraron con un desvió.  Él se encontraba desorientado, pero tratando de tomar las riendas en el asunto, decidió ir a la derecha, cuando de repente escuchó la voz de Ámbar.
-     ¡Pardy!, ¿Adónde vas?
-     ¿Qué os ha pasado?- interrogó.
-     Nada, es sólo Pardy que tomo el otro camino y tengo que ir a buscarlo.
-     Así lo haremos, mi lady. Iremos los dos.
A pocos metros de distancia encontraron a Pardy.
-     Parece que quiere que lo sigamos.
-     Lo seguiremos entonces- le contestó y pensó- ¿Qué querrá mostrarnos este gracioso gatito?, ¿Sabrá dónde en­contrar a Kapana?
Ambos salieron corriendo tras Pardy.
-     Parece que estamos cerca, escucho una voz a poca distan­cia de aquí.
-     Yo también la escucho, Xinux.
Xinux la miró asombrado y cálidamente le respondió con una sonrisa. Era la primera vez, desde que ella había vuelto, que lo llamó Xinux, se sentía muy feliz por la idea de que todo pueda volver a ser como antes.
-     ¡Deteneros!- exclamó una voz, mientras Pardy desapa­recía tras una puerta- ¿A dónde creeos qué vais?
-     Queríamos hablar con Kapana.
-     ¿Quiénes sois vosotros?- preguntó aquella voz masculina, su cuerpo, desdibujada por la oscuridad, se hallaba en un rincón del pasillo.
-     ¡Dejadlos en paz, Misap!- exclamó una voz femenina, luego refiriéndose ellos dijo- Los estaba esperando- ¡Pa­sad por allí!
La mujer señaló una puerta y ellos entraron, dentro estaba os­curo sólo la iluminaban infinitas de velas blancas, y habían una fuente de agua sobre la mesa de mantel negro, igual que las pare­des de aquella habitación que daba al ambiente mayor oscuridad.
-     ¡Sentaos!- les dijo amablemente, ofreciéndoles dos sillas enfrente de aquella mesa- Ahora veréis- dijo luego que se ubicaron en las sillas- Soy Kapana, ya sé lo que vosotros queréis y os complacería, pero desgraciadamente no puedo hacer mucho por vosotros, es muy fuerte el futuro que depara a vuestras vidas.
-     ¿A qué os referís?
-     Ya lo veréis. Primero, Ámbar, mirad atentamente el agua de la fuente que está aquí- le explicó apuntando la fuente- Ahora, no apartéis vuestros ojos de allí, hasta que os or­dene. ¿Entendéis?
-     Sí.
-     Xinux alejaos un poco de la mesa, colocaos cerca de la pa­red, tened cuidado con la velas.
Ámbar no apartaba la vista de su reflejo en el agua, y co­menzó a ver imágenes. Entre ellas vio una gran montaña, se vio escalándola, cuando de repente Kapana da un golpe al agua con fuerzas, salpicando sus ojos.  Ámbar no pudo evitar cerrar los ojos ni alejarse de la fuente, sus ojos le ardían.
-     Ahora podéis cerrar los ojos, tomad esta toalla, secaos.
Ella tomó la toalla y se secó su rostro. Xinux se asustó, pen­sando que algo malo había pasado, y cuando ya se iba a levantar Kapana le indicó.
-     ¡Sentaos!, A ella no le pasa nada, la he curado de un hechizo. Ahora ya no estará más ciega.
-     ¿Ciega?- se dijo a sí mismo- Ella no estaba ciega
-     Ya sabréis a que me refiero.- le contestó.
Ámbar escuchaba la conversación, pero no entendía lo que decían. Sus ojos le seguían ardiendo y no lograba abrirlos.
-     ¡Abridlos ahora!- le ordenó.
-     Pero no pue... - antes de terminar de decirle que no podía, ella abrió los ojos, instantáneamente el ardor desapareció.
-     Ahora estáis lista. Quisiera hablar con Ámbar a solas, luego hablaré con vosotros.
-     Entendido, esperaré fuera.
-     ¿A qué te referías al decir que estaba ciega?
-     Al parecer alguien ha nublado vuestras visiones, sé que és­tas os ayudaran.
Ámbar no supo que decir sobre eso, pero luego le dijo.
-     Me dijo Xinux que usted podía hablarme del pasado- le co­mentó cuando este salió.
-     Xinux dijo la verdad, yo sé de vuestros padres, pero me han impedido que os cuente de vuestra vida. Os con­taré algo mejor, la leyenda de Yahannat, así conoces un poco de estas tierras. Hace 17 años hubo una pelea entre las razas en Unamilum, por culpa de una pareja estalló una gran guerra. Aquellos rom­pieron las reglas, porque eran de razas diferentes y su amor estaba prohibido. La mujer maga y el hombre común se escapa­ron y tuvieron un hijo, al que un profeta anunció como la salvación. Un mago maligno deseaba a aquella mujer maga y juró vengarse por su desprecio y asesinar al mal­dito que se la robó y a ese bastardo, como él los lla­maba. Aquella pareja fue muerta por él y por su ejército, pero el niño se salvó inexplicablemente. El maligno mago lo buscó durante 10 años, y cuando al fin lo encontró lo mandó a matar. La criatura huyó advertida por un mago blanco, y aquel mago negro, no ha logrado encon­trarlo. Ahora sabe que el tiempo ha llegado, que la pro­fecía se va a cumplir, y que no podrá seguir huyendo de él, no te­niendo más opción que luchar.
Ámbar escuchó el relato, pero no entendía que tenía que ver con ella.
-     ¿Y de mis padres que puedes decirme?
-     Escucha Ámbar, debéis de encontrar el rubí que encierra el alma de vuestra madre, ella os necesita y sé que al encon­trar eso ella misma podrá deciros que hacer.
-     ¿Y dónde puedo encontrar ese rubí?
-     Sólo puedo deciros que lo encontraréis en Janas, pero no sé más, se encuentra en un lugar donde sólo vos podéis en­contrarlo. Ya se hace tarde, debéis iros- le anunció- sal y avisadle a Xinux que entre.
Así lo hizo. Cuando Xinux estuvo frente a ella, ésta le dijo:
-     Xinux, no puedo deciros de vuestro pasado, pues ya lo sabr­éis, pero tampoco puedo deciros mucho de vuestro futuro, porque es muy impredecible. Sólo os digo que hagáis caso a vuestro corazón y controlad sólo algunos impulsos, los cuales os ayudaréis. Sabréis que hacer, pero tened cuidado hay muchas personas que os traicionarán y depende de vosotros desenmascararlas. Cuidad de Ámbar, ella es muy valiosa para Unamilum.
-     ¿A qué os referís?
-     Ya lo sabréis, por lo pronto dirigíos a Janas y luego iros al Reino de Yahannat, eso es lo único que os puedo decir por ahora. Tendréis mi ayuda para descubrir el secreto que yo no tengo derecho a contar. ¡Suerte! Marchad ahora, la luz del sol os ayudará.
Xinux se marchó de allí y encontró a Ámbar dormida, sen­tada al lado de la puerta. La despertó y casi arrastrándola la llevó de la mano fuera de allí. Pardy, que había desaparecido durante un tiempo, los seguía rápida y silenciosamente detrás.
Al salir de la cueva Ámbar notó que Pardy los seguía, lo es­peró y lo tomó en sus brazos con cariño. Todo aun estaba oscuro, pero a lo lejos, por el Este, se notaba que el cielo empezaba a aclararse. La oscuridad se iluminaba aún adornada por millones de luciérnagas que volaban por doquier. Al acercarse al carruaje no encontraron al caballo, raramente no encontraron huellas de este por ningún lado, por lo que sin decir nada Xinux recogió las cosas más necesarias del carruaje e invitó a Ámbar con un gesto a continuar a pie.
-     La adivina no me dijo mucho, en realidad no respondió nin­guna de mis preguntas.
-     Realmente no nos dijo nada importante, esto es extraño, pero debe­mos de continuar, en el camino encontraremos la verdad.
-     ¿A dónde iremos?
-     Iremos al reino Yahannat, allí deben de saber de vos, pero primero iremos a Janas. No nos queda muy lejos de aquí el castillo. Espero que no os moleste. Cuando salgamos de allí, iremos a la cabaña. Tratad de no creed siempre en los demás. Veréis que sólo los que os quieren y aman estarán allí cuando estéis en peligro.
El rostro de Xinux estaba algo extraño y a Ámbar le produjo un estremecimiento y pensó lo de no confiar en los demás y a que peligros él se refería.

6 comentarios:

  1. Pueden comentar lo que quieran respecto a la historia, a la forma de escritura y sobre sus personajes!! Sus comentarios me ayudan a mejorar!

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  2. muy bello tu libro muchos éxitos y bendiciones me gusto mucho

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  3. Bueno,por lo que lei esta buena la idea,y no sos para nada una mala escritora.En mi opinion profesional creo que deberias trabajar mas en las descripciones ya que pienso que un buen libro tiene que tener unas buenas descripciones y aunque a veces se hagan pesadas ayudan al lector en adentrarse a la historia de una manera magica y especial. De todas maneras ansio terminarlo y espero que logres trabajar aun mas en la descripcion tanto de los personajes como de lo que los rodea.
    Martu-14 años

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    1. Hola Martu, muchas gracias por tu opinión. Verdaderamente este es un libro ligero como introducción a los demás tomo. Espero que leas los otros capítulos. Pronto pondré la nueva página donde se puede leer hasta el 7mo capítulo :)

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