El
rubí
Caminaron varios metros en la oscuridad y Ámbar sentía
que las noches ahí eran totalmente diferentes a las que conocía. Estaban
cansados, no habían dormido nada ni habían cenado. No estaban muy lejos del
reino de Janas, donde la adivina los mandó. Desde donde estaban veían el gran
fuerte, Ámbar lo vio como un gran sueño, jamás había visto un castillo, sólo
por fotos, o por lo menos eso pensaba. Xinux no se había dado cuenta que
estaban llegando, se encontraba muy pensativo.
El castillo estaba rodeado por un canal y el acceso a
la entrada se daba por un gran puente. La gran puerta estaba abierta y dos
soldados custodiaban armados la entrada.
- ¿Adónde creéis que vas?- interrogó uno de los
guardias, usando, al igual que el otro, la espada para interrumpir el paso.
Xinux no supo que decir, parte de él no sabía que
estaba haciendo allí, pero tampoco quería anunciarse como quien era. El soldado
frunció el ceño, quería una respuesta inmediata, o por lo menos que no
molestaran y se fueran. Xinux continuó en silencio y Ámbar no sabía qué hacer.
- Si no tendréis nada que hacer, ¡Fuera de aquí
o los mataré!
El guardia ya se abalanzaba sobre ellos cuando una voz
lo detuvo.
- ¡Alto! ¡En guardia soldados!- estos se
pusieron el posición de firmes al escucharlo - ¿Qué sucede aquí?
- Comandante lo que pasa es...
- ¡Callad soldado! Nadie os ha pedido que
habléis - retó enfadado - ¿Vosotros sois los invitados del rey, verdad?
Disculpadme este mal entendido. Pasa, os llevaré dentro del castillo.
Así lo hicieron, pasando las casas de los campesinos,
el comandante los dejó justamente frente a la puerta del enorme castillo, a
merced de una mujer, que parecía ser una de las siervas del lugar.
- Los estaba esperando. Pasad, los llevaré a
vuestras habitaciones, pero antes quisiese que comierais algo. Estoy segura de que estáis cansados por el
viaje.
Después de guiarlos al comedor y
de servirles variedades de manjares, les propuso ir a las habitaciones. Xinux
al igual que Ámbar estaban realmente atónitos, no entendían nada de lo que
pasaba, pero aun así estaban dispuestos a llegar hasta el final, sin importar
los obstáculos, ya que todo esto no le parecía una simple coincidencia. El
castillo era muy agraciado, con majestuosas reliquias y grabados en las
paredes.
Caminaron por unos pasillos y subieron varias
escaleras, hasta llegar a un larguísimo pasillo, de muchas puertas. Cada puerta
tenía un pequeño cartel con un número. Llegaron frente a unas habitaciones
enfrentadas, la mujer abrió una de ellas anunciándoles el fin del recorrido.
- Hemos llegado. Ésta habitación, la quinta
puerta a la derecha, será de la niña, y esa, la sexta a la izquierda, será del
caballero. Mi nombre es Emma, ¿Cuáles es vuestros nombres?- al escuchar el
silencio respondió -¡Qué torpeza la mía! Disculpadme, ya lo he recordado: Xinux
y Ámbar, ¿Verdad?
- ¿Cómo vosotros sabréis eso?- preguntó
sorprendido
- Me lo anunció Merry; el rey ni el príncipe
están en el castillo. Fueron a Monts. Ahora bien, si queréis saber porqué
estáis aquí tendrían que averiguarlos vosotros mismos, porque Merry no me lo ha
concedido y no imagino la razón que debió de tener...
- Os quiero agradecer por vuestra amabilidad
hacia con nosotros y quiero deciros que los amigos de Merry son mis amigos,
estoy a vuestro servicio
Xinux hizo una leve reverencia, signo de aprecio.
Ámbar lo imitó y luego se despidieron. Emma se fue, Xinux y Ámbar entraron en
sus habitaciones. Ambos estaban cansados por lo que dejaron sus bolsos a la
orilla de la cama y se acostaron en esas enormes camas. Ella acomodo a Pardy a
su lado, e igual que Xinux, se durmió. Él se despertó a los pocos minutos, pero
Ámbar se hundió en un sueño profundo:
***
Se hallaba en ese mismo
castillo, caminando por unos pasillos interminables. De pronto las luces se
apagaron una por una, dejándola en total oscuridad, sólo la claridad de la
noche iluminada por la luna llena daba la posibilidad de ver. Siguió caminando
y mientras lo hacía extrañamente las paredes, el techo y el suelo se fueron
deformando, todo se volvió desagradablemente horrible, el cuerpo de Ámbar se
cubrió de escalofríos. El corredor estaba cubierto de telarañas y había una
gran cantidad de ratas, arañas, desperdicios y hasta huesos. Ámbar miraba a su
alrededor, horrorizada por todo aquello, lo único que hizo fue correr.
El pasillo le pareció infinito y su corazón latía
aceleradamente. De repente delante de sus ojos se agrietó el suelo y empezó a
abrirse. Ella se detuvo y miró hacia aquel hueco y pudo ver desde allí un cofre
dorado, que brillaba sobre un escritorio. Sin apartar la vista del cofre pensó
en huir, y al levantar la vista se encontró con que todo era nuevamente normal,
miró otra vez donde se hallaba la grieta pero esta había desaparecido. A su
lado había un reloj grande, de madera, al que se quedó mirando fijamente como
las agujas se movían y el segundero daba cada paso nombrándose con un ruido
cada vez más fuerte, que fue haciendo
eco en su mente, dejándola hipnotizada. El reloj marcaba las 12:30 a.m. Sin
darse cuenta algo se había acercado a ella y se estrelló sobre su cuerpo.
***
Asustada, despertó de un grito,
su cuerpo y su cara estaba sudando. Después de despabilares notó que Pardy no
estaba en donde lo había acomodado dulcemente. Miró a su alrededor y vio su pequeña
y larga cola salir tras la puerta entre abierta de la habitación. Entonces, se
levantó de la cama y lo siguió a paso lento. Aquel gatito caminaba ligeramente
y se perdía al doblar por los pasillos, dándole trabajo a Ámbar que le seguía
sin dar a conocer su presencia, quedándose a distancia y observando todos sus
movimientos. De un momento a otro, Pardy sube por una mesa, la cual se hallaba
en uno de los corredores, y salta sobre algo, que desde donde estaba no logró
divisar. El peso del gato inclinó aquel objeto, pero este se quedó sentado
sobre el sin darle importancia.
Ámbar se fue acercando, para agarrar a aquel
travieso y acomodar aquel artefacto. A medida que se acercaba se fue asombrando
al notar que era un reloj, pero no cualquiera, sino el de su sueño, se quedó
mirándolo fijamente, marcaba las 12:30 a.m. De pronto Pardy salta sobre ella,
asustándola tanto que dio un grito, el cual resonó por los pasillos, prolongado
por un leve eco.
Xinux estaba acostado sobre la cama, muy cansado por
el viaje, el sueño le ganaba. Aun sintiéndose así no podía dormir, pues estaba
muy preocupado. Se levantó de la cama y salió de la habitación. Eran las 11:45
p.m. y habían pasado 15 minutos cuando el regresó. Se volvió a recostar en la
cama, tratando de conciliar el sueño, pero le era imposible. Dio mil y una
vueltas en la cama tratando de dormir, pero nada resultaba. Cansado de
intentarlo, se recostó boca arriba mirando fijamente el techo, pensando en la
primera vez que la volvió a ver a Ámbar, así como la descubrió, tan bella. Se
quedó pensando en sus ojos, cuando al fin volvió a mirarla nuevamente en esos
ojos azules y recordó aquella mirada con la que le respondió.
Había pasado más media hora, eran las 12:30 a.m.,
cuando de repente escuchó un grito. Sobresaltado se levantó y salió corriendo
por el corredor, guiado por aquel eco que poco a poco se desvanecía.
Desconcertado se paró justo frente al reloj, estaba cansado, había corrido por
todos los corredores durante más de 15 minutos, sin encontrar a Ámbar, a quién
buscaba, ya que, estaba seguro de que era ella.
Decidió volver a su habitación, preocupado por no
haber encontrado a la dueña de aquel grito. Llegó a la puerta de su habitación,
pero la duda lo invadió y echó un vistazo a la puerta cerrada de Ámbar. Abrió y
pudo ver asombrado a Ámbar durmiendo cómodamente junto a Pardy. Más tranquilo
ya, pero aún algo extrañado, se fue a su habitación con la cálida imagen de
Ámbar acurrucada sobre las sabanas de su cama.
-
Parece un
ángel - suspiró - pobrecita tantas cosas que va a pasar, lo malo que está por
venir, ella no lo sabe y será muy tarde para cuando lo sepa.
Amanecía, Ámbar despertó con los rayos del sol
que entraban por la ventana abierta de par en par, las cortinas blancas volaban
suavemente por la brisa refrescante que llenaba de vida a aquel lugar. Pardy se
encontraba jugando con un ovillo, que ni se imaginaba como había llegado allí.
- ¡Pardy!, ¿Qué haces con eso? ¿De dónde lo
sacaste?
El pequeño se acercó a ella y se dejó agarrar por las
delicadas manos de su nueva dueña, quien la puso sobre la cama, en ese justo
instante llamaron a la puerta.
- ¡Pase! - contestó ella.
- ¡Buenos días! ¿Cómo habéis amanecido? -
exclamó Xinux tímidamente, asomándose detrás de la puerta.
- Pasa. Bien, ¿Y tú?
- Bien... – dudó
- ¿Dormiste bien anoche?
- En realidad no, tuve problemas para dormir,
pero nada fuera de lo común. ¿Vosotros habéis dormido bien? ¿Os habéis
despertado por la noche?
- Sí, me desperté, tuve una pesadilla y me
levanté sobre saltada, a eso de medianoche.
- Eso explica el grito - dijo para sí.
- ¿Qué?
- Nada importante, estaba pensando en voz alta.
Os venía a decir que será mejor que hoy mismo marchemos al Reino Yahannat -
ella asintió - Le recomiendo que descanséis y que comáis bien. Ahora me marcho,
así podéis seguir con vuestras cosas, permiso.
Xinux salió de la habitación y se encontró con Emma en
la puerta.
- ¡Buenos días, mi lord!
- ¡Buenos días!
- El desayuno está listo, quisiera que vosotros
me acompañéis al comedor.
- Así lo haré.
- Avisaré a Ámbar, esperadme un segundo.
- ¡Pase! - exclamó Ámbar al escuchar nuevamente
tocar la puerta.
- ¡Buenos días, mi lady!
- ¡Buenos días!
- Quería avisarle que el desayuno está servido.
- Bueno, Esperadme un momento, me cambio y los
alcanzo.
- Claro, no os preocupéis, esperaré tras la
puerta - tranquilizó y luego se retiró.
Buscó su equipaje a su alrededor, ya no estaba donde
lo había dejado, sino sobre un mueble de a habitación. El bolso se hallaba
ordenado, pero a ella eso no le llamó la atención. Buscó dentro de éste algo
para ponerse y su mano sintió algo frío y pequeño. Sacó aquel objeto,
encontrándose con una llavecita metálica, en ese instante se le atravesó la
imagen del cofre del sueño.
- ¿Mi lady, estáis lista?- preguntó Emma, tras
la puerta.
- Un momento, ya voy- respondió.
Dejó la llave en donde la encontró y sacó un vestido
de color manzana, se lo puso velozmente, luego cepillo su largo cabello, agarró
a Pardy entre sus manos y salió de la habitación.
-
¡Ya estoy
lista! - exclamó - ¡Podemos irnos!
Marcharon los tres, y mientras
caminaban, Ámbar se perdió entre sus pensamientos, en su mente se le
atravesaban millones de imágenes.
Se recordó ante aquel reloj, mirándolo
fijamente, cuando de pronto Pardy salta sobre ella asustándola tanto que
retrocedió e inmediatamente y cayó al suelo. Al darse cuenta de lo sucedido
agarró a Pardy y lo acarició diciéndole: <<Pequeño travieso, ¿dónde crees
que vas?>> Dejó al gatito en el suelo, se levantó y acomodó el reloj, en
ese segundo y sin poder darse cuenta, hasta ya muy tarde, el suelo se
desapareció dejándola caer. Cayó sobre un colchón, él cual llenó de polvo el
ambiente, parecía que había estado muchos años allí.
Sin entender en donde se hallaba, miró a su
alrededor y se encontró en una habitación oscura y abandonada, llena de
insectos, telarañas y envuelta totalmente en polvo. Miró hacía arriba y vio
como una tenue luz atravesaba aquel hueco por donde había caído, era lo
suficientemente grande como para que ella pudiera caer en él. Miró nuevamente a
su alrededor, pero esta vez lo hizo con el propósito de saber que había en ese
lugar y porque estaba abandonado. Mirando superficialmente las cosas, algo le
llamó realmente su atención. Sobre un escritorio se encontraba un cofre, pequeño
y opaco, y sin pensarlo dos veces se acercó a él. Teniéndolo en sus manos
sopló con gran fuerza, descubriendo luego que poseía un increíble brillo
dorado, lo cual le hizo recordar el cofre de su sueño.
Observó el cofre, lo examinó detalladamente
notando una pequeña cerradura, la cual se hallaba cerrada, pero no encontró la
llave. La buscó por sus alrededores, con la vaga idea de poder encontrarla, ya
que la oscuridad y el polvo se lo imposibilitaban, hasta que creyó que era
mejor marcharse, pero antes quería llevar consigo el cofre. Ya lo tenía en sus
manos, cuando el maullido de Pardy la alertó y decidió salir rápidamente de
ahí. Los muebles se encontraban amontonados bajo aquella abertura, los cuales
habilitaban la posibilidad de salir. No le fue difícil escalarlos, ya que, en
pocos minutos se encontraba fuera. Apenas salió, aquel hueco se cerró
incomprensiblemente detrás de ella. Con temor se levantó, alzó a Pardy y salió
corriendo hacía su habitación. Con mucho esfuerzo logró encontrar la puerta correcta,
la abrió, entró dejando, sin darse cuenta, la puerta entre abierta, dejó el
cofre bajo la cama y se acostó, casi desplomándose sobre la ella, parecía
haberse quedado dormida, porque sólo vio una imagen negra.
Ya habían llegado al comedor, Xinux miraba fijamente
al plato, deslizando con su tenedor su comida de un lado para otro. Ámbar comía
distraídamente, hasta que el incesante ruido del tenedor raspando el plato le
llamó la atención.
- ¿Qué te pasa?
- Pues nada importante... - suspiró - No dormí
bien ano-che. Querría preguntaros algo, claro, si mi lady me lo permite.
- Sí, dime.
- Anoche, ¿Salisteis de la habitación?
- En realidad... - dudó - Sí, ¿por qué?
- Es que anoche estaba preocupado y fui a
vuestra habitación para ver si os encontrabais bien, si necesitabais algo,
como vi que dormíais y os encontrabais bien me fui, pero torpemente deje la
puerta entre abierta.
- Pues sí, salí. Eso explica como Pardy salió de
la habitación, pero tanto cuando salí como cuando entré dejé la puerta entre
abierta...
Xinux se quedo pensativo, alguien más parecía haber
entrado en la habitación, pero “¿Quién?”, se preguntaba, no le quedaba
claro y volvió a preguntar, tratando de averiguar si podía ser una idea absurda
la que tenía.
- ¿En ningún momento salisteis de nuevo?
- No.
- ¿Estáis segura?
- Sí, estoy segura.
- Tal vez... - pensó, y dirigiéndose a Emma, que
estaba trayendo el postre, exclamó - Señorita Emma, ¿Vosotros, por casualidad,
no habéis entrado a la habitación designada a la señorita Ámbar a horas
de la noche?
- No mi lord - aseguró - Anoche no...
- ¿Y fue en algún otro momento? - interrogó, la
respuesta le había intrigado.
- Sí, hoy al amanecer fui a abrir las ventanas,
y como vi que todas las cosas estaban hechas un desorden, me tome el
atrevimiento de acomodarlo.
- ¿Qué? - exclamó Ámbar, no entendía nada, ella
no había tocado el bolso, como mucho lo había puesto a orillas de la cama.
- Sí, vuestras cosas estaban desordenadas por
toda la habitación. Yo me tome el atrevimiento de acomodar las ropas y meter
las cosas en vuestro bolso, hasta la llavecita que estaba bajo la cama. ¿Por
qué? ¿Os falta algo? Tal vez quedo bajo la cama. ¿Quisierais que lo busque?
- ¡No! - gritó - Estoy segura que no me falta
nada, sólo era porque como estaba todo cambiado de lugar - aclaró y agradeció -
¡Muchas gracias!
Xinux la miró asombrado ante semejante negación casi
instantánea, le parecía que algo no quería que encontrara en su habitación,
pero “¿Qué?”, pensó.
- Estoy a vuestras órdenes, no hay que
agradecer. Aquí les dejo el postre, debo seguir con mis labores - informó sonriente.
- Se ve delicioso - la halagó Ámbar apenas lo
vio, Emma sonrojó, pero aún más cuando Ámbar manifestó - Está delicioso,
verdaderamente exquisito.
- ¡Gracias! - exclamó y en seguida se marchó.
Ámbar estaba muy insegura, no sabía si debía de
decirle lo del cofre y lo que había pasado anoche, pero no sabía cómo hacerlo
así que calló.
- Con su permiso - dijo Ámbar.
- Propio – respondió Xinux y ella prosiguió.
- Me iré a la habitación.
Ámbar marchó, entró a la
habitación y se recostó boca arriba sobre la cama, fue en ese momento cuando se
acordó de aquella llavecita que había encontrado. Trató de ignorarla, pero no
resistió, sintió la necesidad de ir por esta, tanta fue la tentación que
rápidamente buscó la llave en aquel bolso. Cuando finalmente la tenía en su
poder la agarró como si fuera algo muy valioso, sosteniéndola fuertemente a
puño cerrado, como si se le fuera a escapar. Se acercó a la cama y se sentó
sobre sus talones sacando con su mano hábil el cofre y cuando estuvo fuera dejó
caer la llave al piso. Sujetándolo con las dos manos, lo depositó suavemente
sobre la cama. Agarró nuevamente la llave y la introdujo en la cerradura
dándole una vuelta. Al terminar de girar la llave, la sacó y en ese mismo
momento el cofre se abrió dejando a la vista una gran y perfecta gema, tan
brillante como un diamante. Era un colgante con un precioso rubí, seguramente
alguien logro partirlo porque le faltaban pedazos. Era tan magnífico que robó
la admiración de ella y la sedujo completamente, sentía como una atracción
sobre este objeto, algo que no lograba entender. Su corazón latía fuerte
parecía que iba a estallar.
Metió la mano delicadamente bajo el rubí,
levantándola hasta la altura de su pecho y luego con su otra mano cerró la que
sostenía la reliquia. Fue entonces cuando sintió algo en sí que le forzó
presionar fuertemente sus manos. En su mente se atravesaron miles de imágenes
proyectadas como un vídeo entrecortado.
Ve entonces un carruaje yendo a gran velocidad
por un camino, siente como este se balancea de aquí para allá en las curvas
del camino por el gran y oscuro bosque. Luego escuchó el llanto de una criatura
y ve como una muchacha joven arropaba a una pequeña con sus mantos blancos,
lloraba, sus ojitos tan chiquitos y azules daban tanta ternura. La imagen fue
superpuesta por otra, la cual no era nada grata. Ve a la misma mujer tirada en
el suelo inconsciente. A pocos metros dos hombres a duelo, peleando con sus
espadas acaloradamente. Miles de soldados los rodeaban a unos cuantos metros de
ellos, no les veía sus rostros, apenas veía sus armaduras y armas reflejadas en
la luz de la luna llena. En el cielo ninguna estrella. Poco a poco los árboles
fueron tapando ese cielo azul oscuro, parecía estar en movimiento.
Después de esto, ella volvió en sí, ya no veía ninguna
imagen, ahora todo era normal. Se dio cuenta que había arrojado el rubí, sin
saber en qué momento, ahora se hallaba al final de sus pies, había cambiado su
postura tras la visión. Volvió a coger el rubí dejando el hilo, el cual lo
sujetaba, colgando y lo miró atentamente, tratando de descubrir que era lo que
le provocaba ese insólito sentimiento que no podía describir.
Xinux terminó de comer y se fue
a su habitación. Por el camino se acordó de algo y salió corriendo. Al entrar
en su habitación buscó el bolso e intentó hallar algo desesperadamente. Parecía
que era algo muy importante para él, pues su rostro presentaba preocupación.
Al final terminó sacando todo del bolso sin encontrar lo que buscaba. Lo buscó
por toda la habitación sin tener éxito, parecía que ya no estaba allí lo que
deseaba encontrar, alguien tal vez se lo había llevado. Resignado, dejó de
buscar y empezó a ordenar aquel caos en que se veía envuelto.
Cuando acabó, se acostó en la
cama boca arriba cansado y respiró muy profundo.
-
Alguien
nos está siguiendo, alguien entró en la habitación anoche, cómo lo hizo en la
de Ámbar. ¿Para qué quería la llave? Ni yo sé los secretos que se esconden
atrás de ese pequeño objeto y que contenidos guardan aquella cerradura a la
que corresponde esta - exclamó extrañado y algo abrumado - Pero tendré que
seguir adelante hasta el final, no puedo dejar que el futuro de ella se escape
de mi lado como agua entre los dedos - se alentó al fin - no, no lo haré...
Xinux apenas sabía algunas que otras cosas, pero sabía
muy bien que Merry le podía sacar cada duda que tenía, pero este no quería
decirle nada, le comentó un día, que supuestamente, no podía porque era su
destino. Lo había pensado mucho, pero al fin se decidió y fue a hablar con
Ámbar, dejando el bolso junto a la puerta se marchó. Ella estaba dominada por
aquel fantástico objeto, cuando escuchó la puerta.
-
¡Un
momento! - gritó mientras acomodaba el rubí en el cofre.
Cerró
el cofre, dejando la lleve dentro y la ubicó bajo la cama, luego se recostó y
indicó que podía pasar.
- ¡Pase!
- Permiso. Mi lady, le debo de dar una noticia
imprevista.
- ¿Qué ocurre? ¿Sucedió algo malo?
- No, no os preocupéis, está todo perfecto, sólo
es un cambio de planes.
- Dime la verdad, Xinux - ordenó ella, descubriendo
que le ocultaba algo, notaba que no le decía la verdad.
- Alguien ha entrado anoche a nuestras habitaciones,
parece que sigue nuestros pasos, debemos irnos... - le confesó desconcertado,
no sabía cómo había descubierto que mentía - No puedo ocultaros nada, como
siempre me descubres cuando os oculto algo o miento, aunque sólo lo haya hecho
para jugar por aquellos años.
- ¿Enserio? - exclamó confundida.
- Sí, por esa razón os lo digo. Bueno ahora que
sabéis me gustaríais que juntaseis vuestras cosas para marcharnos de aquí lo
más pronto posible. Iba a esperar que almorcemos pero creo que no debemos de
perder más tiempo. Mientras tanto avisaré a Emma nuestra retirada del
castillo.
Ella asintió vagamente, él se retiró de la habitación
y fue al encuentro de Emma, la cual se encontraba en la cocina amasando.
- Disculpad, vuestra merced- exclamó muy
educado.
- Sí, mi lord.
- Quería avisaros que nos iremos ya mismo de
Janas, es que ocurrió un imprevisto y no podemos quedarnos más tiempo.
- ¿Es algo malo?
- No, sólo es un cambio de planes, nada malo, no
os preocupéis. Bueno, os agradezco vuestra ayuda y le pido que no digáis nada
de lo que sabéis a nadie, con excepción de Merry, claro.
- Lo sé. Espero que os vaya bien y que logréis
lo que buscáis.
- Gracias, ahora me iré a mi habitación a
recoger mis cosas, con su permiso.
- Propio.
Cuando al fin se fue
Xinux, Ámbar se arrodillo al lado de la cama, sacó el cofre, lo abrió, lo
depositó sobre la cama y buscó algo en su bolso. Sacó de allí un libro, un
cepillo, un trozo de papel, el cual parecía un pergamino, dejándolos sobre el
mueble y se llevó consigo aquel elemento que buscaba. Se acercó nuevamente al
cofre extrajo el rubí y lo introdujo en una bolsita marrón de tela, que era lo
encontró extrañamente en su bolso. Estaba a punto de cerrar el cofre, cuando
vio que aquella tela, la cual cubría el fondo de este, se había destapado en un
rincón, dejando a la vista un papel de color blanco. Quitó la tela y sacó el
papel dándolo vuelta. Lo que contempló era imposible de creer, era el rostro de
aquella mujer que vio en su visión, su rostro tan lleno de luz y calma,
acompañada de una dulce sonrisa, a diferencia de aquel rostro anterior que nada
se parecía, ya que aquella presentaba angustia y miedo. Era una bella mujer,
de cabellos rubios y ojos azules. Aquella muchacha que apreciaba parecía un
ángel, con su vestido blanco y su corona de rubíes, tan fina y delicada, que le
daba un toque de magia a tan delicada figura angelical.
Ámbar suspiró profundamente, reflejada, en su
imaginación, por aquellos ojos azules de aquella joven y volvió a suspirar,
este nacía de lo más profundo de sí, lleno de nostalgia y dolor. Sin darse
cuenta, de sus ojos cayeron unas lágrimas tan brillantes como aquel rubí y tan
claro como agua de manantial. Su miraba se encontraba fija al retrato, era una
pintura tan perfecta y tan hermosa como aquella mujer.
Al darse cuenta de que había derramado unas
lágrimas, se secó sus mejillas y apartó la imagen, dejándola a un costado,
junto con la bolsita marrón. Miró una vez más al cofre y encontró otro retrato,
esta vez era la de un hombre. Este hombre, tan apuesto como varonil, se veía
fuerte y confiado en sí mismo. Era un guerrero, teniendo en cuenta su
extraordinaria y poderosa armadura. Sus ojos eran color miel y su pelo negro
como el de Ámbar. En su cabeza tenía una corona dorada, como la de un príncipe,
incrustada con piedras preciosas. Aquel rostro le parecía tan familiar, pero
ella no recordaba haberlo visto nunca.
En el cofre no había nada más, sólo una mínima llave,
aún más pequeña que la anterior. Juntó los retratos, se le había ocurrido
ponerla en aquel libro, pero este tenía un candado pequeño, por lo que pensó
ocurrentemente que la llavecita que estaba en el cofre pertenecía al libro.
Agarró la llavecita e intentó abrir el candado, lográndolo efectivamente.
Guardó las imágenes dentro de éste sin llamarle la atención lo que había dentro
y cerró el candado, luego guardó la llave junto al rubí. Cerró el cofre y lo
guardó junto a sus cosas. Esta última llave también la guardo en aquella
bolsita junto al rubí y a la llavecita, luego recogió las cosas y las colocó
dentro del bolso. Al finalizar, llamó a
Pardy, lo tomó entre sus brazos, recogió el bolso y salió de la habitación.
- Estoy lista, Xinux - exclamó cuando lo tuvo
enfrente - podemos irnos cuando gustes.
- Bueno, yo ya he guardado provisiones para el
viaje, creo que será suficiente - le comentó y luego con gran amabilidad le
expresó a Emma, quién se encontraba a su lado, su gratitud - ¡Muchas gracias
por todo! Adiós, espero vedla nuevamente, mucha suerte.
- Adiós Emma, muchas gracias, eres muy buena,
mucha suerte - añadió Ámbar.
- Adiós, yo os agradezco a vosotros, fue un gran
honor ayudaros, mucha suerte, que mi Diosa Ura los proteja y los bendiga.
Ambos marcharon, un soldado los
acompañó hasta la salida. Nuevamente se encontraban fuera, tal vez peores
peligros le esperaban, quizás ya no sería una persona únicamente la que los
estuviera espiando, siguiendo y atormentándolos.
Xinux descubrió que era Ámbar quien le podía decir
toda la información que quería saber, por eso le era importante que pudiera
recordar. Tenían mucho camino por recorrer y le iba a ser eterno, por lo que
intentó entablar conversación, ya que ella se encontraba muy callada y
pensativa acariciando a Pardy, mirando distraídamente los árboles de su
alrededor.
- ¿Cómo se ha portado el pequeño Pardy en este
corto plazo?
- Bastante bien, creo - dudó - pero es tan dulce
y cariñoso que no importaría si hace lío - los dos rieron.
- ¿Y cómo os sentís?
- ¿Realmente quieres saber?
- Sí, por esa razón os preguntó - afirmó triste
ante semejante pregunta, la cual ponía en duda su preocupación por el bienestar
de la persona que más apreciaba.
- Pues… Más confundida que antes… - suspiró -
Pero ahora con una pena.
- ¿Por qué?
- No sé realmente. Pero es muy largo de
explicar, no encontraría las palabras correctas para explicarlo, además nunca
entenderías…
- Tenemos todo un día para que expliquéis, al
anochecer llegaremos a Zelash, finalmente.
- Los extraño - comenzó a asegurar - extraño una
familia, no recuerdo a mi padre ni a mi madre y no sé si tengo familia… Como…
No sé… algún pariente, hermanos, primos, tíos… Qué alguien me diga quién soy,
estoy tan aturdida con todas estas cosas nuevas que me confunden más. Esas
imágenes que se proyectan en mí de algo que no sé si existió alguna vez…
- ¿Qué? - dijo admirado - ¿Imágenes? ¿Tal vez un
recuerdo?
- No sé…No me vi en ninguno, excepto… - pensó -
En aquella donde escalaba una montaña, pero no creo que sea de mi pasado, mi
cuerpo no es de hace unos años.
- ¿Aparte de eso habéis visto imágenes?
¿Recuerdos de algo? Tal vez es un gran avance, quizás estás muy cerca de que
vuelva tu memoria.
- Mi memoria… - su voz se fue apagando al
nombrar palabra, apenas se escuchó lo que pronunció, su mirada se quedó fija.
Recordó aquella imagen de la mujer tirada en el suelo - ¿Mi madre murió…? -
susurró, luego gritó, como pudo, con temor y confusión - ¡No…!
- ¿Qué pasa Ámbar? ¿Qué os ocurre?
Ámbar se arrodillo en el suelo, sentándose sobre sus
talones, y se echó a sollozar.
- Madre, tú no estás muerta, yo te voy a
liberar, no me voy a rendir… Quisiera que alguien me ayude…
- ¿Qué? - investigó Xinux, parecía que había
recordado todo, sin embargo no entendía que era exactamente lo que decía.
Ámbar inclinó la cabeza, llevándose
las manos al rostro. Luego se levantó lentamente, miro fijamente a Xinux, que
atónito la miraba sin entender nada. Sus miradas chocaron nuevamente, los ojos
de Ámbar que estaban más celestes que el cielo, se fueron cerrando y
repentinamente se desmayó perdiendo el conocimiento. Xinux cada vez más
aturdido, y ahora asustado al ver a Ámbar inconsciente en el suelo, no supo qué
hacer. Se agachó y la tomo entre sus brazos.
- ¡Ámbar! ¡Despertad! Por favor despertad, no os
podéis ir ahora… ¡No me dejéis…!


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